Por @Zio.ck
Conseguir una beca para una de las escuelas más prestigiosas de Corea debería ser emocionante. Nueva casa, nueva escuela, gente atractiva y alumnos que parecían salidos de una revista. Todo sonaba perfecto. El problema empezó cuando comencé a ver corazones flotando al lado de las personas. Corazones rojos, naranjas, grises… como si alguien hubiera convertido mi vida en un videojuego extraño sin pedirme permiso. Y sinceramente, eso era lo menos raro de S.O.P.A o al menos eso pensaba Taehyung.
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“Bienvenidos a la glamurosa institución School of Performing Arts Seoul, o mejor conocida por las siglas S.O.P.A, donde buscamos que cada uno de nuestros alumnos dé lo mejor de sí para convertirse en personas de bien y darle un futuro próspero a esta nueva generación”.
Eso fue lo único que leí en aquella pequeña placa que se encontraba en una de las paredes de la entrada de la escuela.
Mi padre consiguió un ascenso de la nada y eso vino acompañado de otra cosa: una beca para mí en esta prestigiosa escuela, la famosa institución privada donde estudiaba el hijo de su jefe, una nueva casa y un auto bastante bueno. Demasiadas coincidencias juntas, pero bueno, supongo que todo era completamente normal.
Lo primero que noté al entrar a la escuela fue el ruido. No porque fuera fuerte, sino porque sonaba demasiado ordenado: risas, conversaciones, pasos… todo parecía encajar perfectamente.
Antes de siquiera poder avanzar, delante mío se cruzó de la nada un señor muy bien vestido y con un aura de tranquilidad.
—Vos debés ser Kim Taehyung, ¿no? —me preguntó aquel señor de cabello negro y una sonrisa muy bonita.
—Eso creo… —intenté sonar gracioso, pero al parecer no le causó gracia.
—Yo soy Kim Hyun-joong, el consejero de esta escuela —su sonrisa apareció exactamente cuando terminó de decir su nombre, pasándome un pequeño folleto donde tenían aplicaciones de los espacios y otras cosas.
—Sí, mi padre me había comentado de usted —murmuré intentando copiar su serenidad.
—¡Muy bien! Voy a ser el encargado de enseñarte la escuela el día de hoy —dejó escapar una pequeña risa sin gracia, juntando sus manos para seguir con su vibra de tranquilidad.
Mientras íbamos caminando noté que todos saludaban con alegría al consejero y, por consecuente, a mí al estar a su lado. Era como si todos fueran muy amables en ese lugar, aunque también había varias personas que simplemente estaban ahí paradas sin hacer nada.
A medida que íbamos caminando me llevó por aquel largo pasillo que duraba más de lo que yo pensaba. Me guió por dos aulas que solo tenían un pizarrón y unos escritorios, pero después estaban vacías, como si nadie hubiera entrado, aunque se escuchaban murmullos. Y por último me llevó al campo de la escuela, en el cual no había ningún alumno.
—Perdón… —levanté mi mano para llamar la atención del señor.
—¿Sí, Taehyung? —él se dio vuelta y parecía como si un aura lo rodeara.
—¿La escuela no tiene como tres pisos? —cuestioné intentando sonar lo más pacífico que podía.
—Oh, sí, claro que lo tiene —el consejero me respondió con rapidez, casi por automático—. Pero están en reparaciones actualmente —me dijo sin darle importancia a mis palabras, como si pasara por arriba de mi pregunta.
—Está bien… —respondí de manera automática, pero aún tenía un poco de dudas en mi interior.
—No te preocupes, eventualmente vas a poder ir a las aulas de arriba —me respondió con simpleza, mientras mantenía su sonrisa, que en estos momentos no daba la misma tranquilidad del inicio.
—Es como si pudiera desbloquearlos —dije en un tono de risa, pero él ni se inmutó y su sonrisa desapareció casi de inmediato.
—Ahí está tu salón y los horarios que tendrás —estiró su mano con un pequeño papelito, ignorando mis palabras anteriores—. Mucha suerte, cualquier cosa estoy en la consejería.
Y así como apareció de la nada, aquel hombre desapareció.
El campo estaba vacío. Había unas bancas y unos pequeños árboles que ni para dar sombra servían. Pero simplemente se veía desolado; debe ser que la mayoría de los alumnos estaban en el pasillo.
—¿Estás perdido? —una voz salió del contrario, causando que me diera vuelta con rapidez.
Un chico de hombros grandes y rasgos finos estaba delante de mí, con su postura recta y elegante. Su cabello marrón y su peinado bien arreglado dejaban ver una sonrisa igual de perfecta.
—¿Se nota mucho? —murmuré con simpleza, notando cómo al lado del chico apareció un pequeño corazón naranja con un +5 en el medio. Mis ojos se abrieron como platos ante la sorpresa y el terror de aquella cosa tan rara.
—Qué ocurrente saliste —dijo él con una sonrisa, volviendo mi atención hacia él—. Mucho gusto, soy Jin —noté cómo estiró su mano hacia mí.
Al intentar volver mi vista a donde estaba el corazón, no vi nada, causando en mí una gran confusión.
—Taehyung —respondí tomando su mano y saludándolo de una manera suave—. El consejero me dio un papel con mi salón, pero no sé cuál de los dos es…
Dejando ver nuevamente a su costado un corazón, pero esta vez era rojo, noté que la cara del chico tenía una gran sonrisa. Mi expresión no pasó desapercibida y lo pude notar al ver cómo su sonrisa se borraba.
—Para tu suerte te encontraste conmigo. Soy el delegado de la escuela y te voy a llevar a tu salón —habló con normalidad, dejando de lado ese momento incómodo como si nunca hubiera existido.
—¿Hacen eso siempre ustedes? —cuestioné, mostrando una sonrisa como si no me sintiera incómodo ante mi propia esquizofrenia.
—No, pero me pareciste muy bonito y yo ayudo a la gente que me llama la atención —su voz salió de una manera descarada, dejando ver cómo una sonrisa de lado se dibujaba en su rostro.
Luego de darle el papel que tenía, Jin me acompañó hacia los salones del primer piso y de ahí me señaló el que íbamos a utilizar, el segundo con la letra “B”.
Las clases pasaron de una manera convenientemente rápida y ya nos encontrábamos en el recreo, siendo casi empujado al pasillo.
En el pasillo se escuchaban ruidos, pero no había mucha gente ahí. Algunos chicos hablaban y otros caminaban con tranquilidad, pero al mismo tiempo se veían sin rumbo.
Como si fuese un impulso, algo me hizo caminar por cada lugar de la escuela: el pasillo de la entrada, el pasillo fuera del salón y el patio.
Mientras caminaba por el patio, pude ver una instalación bastante grande, pero su gran puerta estaba cerrada, como si nadie pudiera entrar ahí. Al dejar que mi curiosidad me ganara, mis manos fueron hasta esa puerta con cuidado, la toqué y, como si fuera cuestión de suerte, esta se abrió.
Un chico un poco más alto que yo estaba parado delante mío. Su cabello era negro como la noche, en su cara se veía un piercing y su ropa era un poco desarreglada… Era un maleante, en pocas palabras.
—Estás en mi camino —fue lo primero que dijo. Sus ojos oscuros estaban fijos en mí y su cara mostraba molestia.
—Perdón, estaba justo pasando y… —hablé con rapidez para poder excusarme.
—Estabas espiando una práctica privada —respondió cruzando sus brazos.
—A mí qué me va a importar una práctica de algo que ni sé —dije de manera automática. Esta vez, de su lado salió un corazón gris, como si estuviese roto. Mi mirada se posó en ese corazón, viendo cómo este era diferente a los demás.
—Dios, qué raro eres —murmuró con disgusto—. ¿Qué tanto mirás? —cuestionó mirando hacia donde estaba viendo yo.
—Nada, solo veo el gimnasio —respondí de manera automática. En realidad quería hablar con respecto a ese corazón, pero había algo que no me permitía hacerlo.
—¿No lo conocés? —preguntó y pude ver cómo su expresión seria se calmó.
—No, soy nuevo y digamos que no me presentaron esta parte —dije con sinceridad, viendo cómo ahora aparecía un corazón naranja.
—Pues justo te chocaste con el chico correcto. Yo soy Jungkook y soy el capitán del equipo de básquet —él abrió paso dejando una mejor vista.
—Te veía más como un malandro —esas palabras salieron sin pensar, pero me tranquilicé al escuchar su risa y ver otro corazón rojo.